A veces cierro los ojos y los abro cuando veía tus historias y pensaba que eras mi versión masculina, y en tus gestos veía los míos y en tu cara mi reflejo.
No sé bien qué pasó en el medio pero ahora despierto y estás a mi lado siendo la persona que más me conoce, a la que más le compartí mis luces y mis oscuros, mis secretos, mis miedos y mis defectos.
Y de tanto hacer y deshacer y tanta gira y tanto pero tanto desgaste llegó el momento en que nos cansamos y ya no nos dió la energía para gritarnos, exigirnos y marearnos. Menos mal. No daba más. Te extrañe tanto que yo ya no era yo y nada servía ni funcionaba sin tu abrazo y tu sonrisa.
Y esta vez ya no planeamos ni hubo listas ni acuerdos ni pedidos ni demandas ni exigencias ni bla bla bla. Y esta vez solo quería abrazarte sin esperar nada a cambio, total ya estaba, solo quería tregua y un abrazo, que a nadie se le niega. Un ratito, un poquito de silencio que compense tanto ruido.
Y esta vez fue un día y después una semana, que se hicieron quince días y volando fue un mes. Y lo que antes no encajaba ni a la fuerza (y mira que lo intentamos) ahora había cambiado repentinamente de forma para encajar a la perfección al primer intento y sin esfuerzo con la pieza que sin rumbo me ofreciste con amor. Y acá estamos.
Nunca fue una cruel promesa. Tal vez algunas cosas estuvieron de más, y cuántas habrán estado en falta. Qué bueno que toda noche de excesos traiga, inevitablemente, un domingo a la mañana para cuestionarse los errores y aprender a ser mejor. Qué bueno que haya etapas y momentos.
Qué bueno que el caos se haga paz y la tormenta pinte una arcoíris. Qué bueno que estés y que ahora te puedo abrazar.
Para odiar hay que querer y te he odiado tanto que al final de cada llanto te quería como al principio. Qué bronca. Qué bronca extrañarte. Qué bronca quererte. Qué bronca fallarte y tantas veces no haber podido ser quien te cuide y te haga bien. Qué paja el amor romántico, por suerte no somos dos personas intensas que llevan todo al extremo y solo aprenden a las trompadas. Sino, imaginate, hasta podríamos haber tenido problemas legales y escándalo en twitter. Pero nosotros somos más perfil bajo.
Te quiero como se quiere aquello que no llegas a entender, que es tan misterioso y novedoso que te atrae todos los días y no te aburre ni un segundo. Te quiero.
En estos momentos la gente escribe que todo valió la pena y lo volvería a hacer todo igual para llegar hasta acá.
Yo no sé si haría todo de nuevo. No sé si era necesario o si hacía falta. Permitime cuestionar al menos algo de lo novelesco para decir que quizás hubo un poco de drama innecesario. Y lamento habernos estrellado la cabeza contra la pared.
Yo no sé (y además, no me complico en entender, sino este texto sería un libro) qué está bien y qué esta mal y, como dijo Charly, nadie me enseñó como sentir.
Pero hay algo en tus abrazos y en la forma en que me miras, que me hace tener al menos una certeza, y esa certeza es que me quiero quedar acá un rato más.
Comentarios
Publicar un comentario